Se me acumulan los garbanzos en la despensa. Largas hileras de botes perfectamente alineados, separados exactamente 20 cm entre ellos. Soy muy sistemática.
No me gusta el desorden. Me aficioné a coleccionarlos durante la enfermedad de mamá. Se alimentaba únicamente de garbanzos. Yo la cuidaba, la bañaba y le preparaba sus garbanzos. La tía Rosita siempre me criticaba. Me llamaba loca y maniática. Ella sollo quería heredar.
Un día, para gastarme una broma, me cambió de orden todos los botes. Qué graciosa.
Coloco en la despensa un nuevo bote de garbanzos. Exactamente a 20 cm del que contiene la cabeza en formol de tía Rosita.
Este es el blog de blas zeta. Exhaustas ya las orejas de amigos, acólitos y conocidos de su incesante verborrea, amenaza ahora con intoxicar la red y aledaños. Por suerte, no lo va a leer ni Dios. Leer este blog no te hará más sabio, ni más rico, ni más guapo/a. Quizás incluso al contrario. Pero quizá te haga olvidar por un rato de dónde vienes y a dónde vas.
jueves, 26 de marzo de 2020
Microrrelatos: prime time
– Sufriendo lo indecible por amor
– ¿Así se llama? , ¿me traes un culebrón?
-sí, va a se un pelotazo!
.-Pero vamos a ver, alma cándida, te pedí una serie para el prime time de los miércoles, para pelear con Masterchef y Got Talent.
– Escuche, no es lo que parece; será una serie moderna. La protagonista lleva rastas y tatuajes, es vegana y desayuna quinoa. Está enamorada de Richard, un activista negro de Greenpeace que está en el Artico salvando ballenas.
….. Dios qué desastre… Y lo peor es que hay que hacer este bodrio ; es el sobrino del propietario de la cadena. De ésta me prejubilan….
Microrrelatos: Y punto
Sufriendo lo indecible por amor, navegaba desesperado a través del texto
Se conocieron al inicio del relato. Fue una sola palabra: "Tiquismiquis" . Esa única palabra, eléctrica y poderosa, provocó el flechazo entre el punto y la i . Ambos quedaron hechizados y se juraron amor léxico.
El escritor, conscientemente o no, continuó ese idilio: "Pitiminí" "sirimiri" "dividí" fueron trufando el relato.
Pero, súbitamente, cambió de rumbo y las íes desaparecieron del relato.
El punto sólo finalizaba frases y culminaba jotas o diéresis.
El relato iba concluyendo y el punto se desesperaba. Sólo con la última palabra logró fundirse una última vez con su letra amada: "Fin"
Microrrelatos: Salvaje
Sufriendo lo indecible por amor, leí tu carta. Excusas manidas.y frases estereotipadas. Aliñadas con esa truculenta historia de tu romance con mi amiga Edurne.
Tras el golpe, decidí dejarlo todo. Golpeé a mi jefe, qué gusto.
Vendí mi cuchitril.
Me fui a la montaña. Me fui abandonando. Vivo en esa cabaña. Cazo conejos. Visto pieles. Huelo fatal.
Vendí mi cuchitril.
Me fui a la montaña. Me fui abandonando. Vivo en esa cabaña. Cazo conejos. Visto pieles. Huelo fatal.
Y ahora apareces aquí, diciendo que lo sientes, que Edurne es una capulla.
Pero, cariño, ahora soy una salvaje.
Ahora cuando te digo que te lo voy a comer todo es literal. Por cierto, mucho gimnasio pero tus carnes están más bien blanditas. Incluso asadas.
Ahora cuando te digo que te lo voy a comer todo es literal. Por cierto, mucho gimnasio pero tus carnes están más bien blanditas. Incluso asadas.
martes, 19 de noviembre de 2019
Microrrelatos: la bestia y el loco
Antes de ver lo que Arturito, el repetidor, llevaba en su caja de compases, decidimos actuar.
Y ahí estaba ahora, desangrándose en la carretera junto a su moto. Un litro de aceite en la curva habia sido suficiente.
– Igual nos hemos pasado – aventuré.
– Qué se joda.- Ander "el loco" se desternillaba.
Arturito "La bestia" había sido nuestra pesadilla este curso. Sus palizas y robos fueron consideradas "cosas de chicos" para el rector, que nos obligó a darnos la mano con él.
Arturito prometió venganza y nos dijo que lo que tenía en aquella caja nos arruinaría la vida.
– Bueno ¿Qué hacemos?
– Vamos a abrir la caja, cogésela.
Abrimos la caja y nos quedamos estupefactos. .
Microrrelatos: Cálculos
Antes de ver lo que Arturito, el repetidor, llevaba en su caja de compases, todos imaginaron cualquier barrabasada.
-Aquí está!!! Enseñó orgulloso una piedrecilla de aspecto lúgubre.
– Después de un mes en el hospital ¿¿nos enseñas una piedra??
– Es un cálculo, imbécil!! Y me lo han sacado de la ingle.
– Mentira.
Arturo se bajó los pantalones y dejo ver una cicatriz enorme bordeando el calzoncillo. Sandrita se ruborizo al ver los pelillos púbicos que asomaban.
– Jodeeeeeer.
Arturo disfrutaba de la mezcla de admiración y asco.
-Un mes sin clase. Y lo que me queda.
– ¿Hay más?
– Sí. Cinco en la otra ingle. Y otra en la cabeza. Esa sí que va a molar.
Microrrelatos: Dedo acusador
Antes de ver lo que Arturito, el repetidor, llevaba en su caja de compases todos estábamos expectantes.
-Vais a flipar.
De la caja sacó con pinzas un dedo ensangrentado y cercenado.
Silencio gélido. Caras boquiabiertas.
– ¿¿Dónde lo has encontrado?? Hay que avisar a los profes! O a la policía!.
– Calma. Nadie va a avisar a nadie. Esto estaba enterrado en el claustro.
Silencio de nuevo. El claustro estaba totalmente prohibido a los alumnos.
– ¿Y qué vas a hacer?
– Yo qué sé, enterrarlo otra vez.
Solo yo reconocí ese dedo. Era de Rosita, la asistente y amante del rector. Yo también me acostaba con ella. Pero mejor callar, que ya sé cómo acaban estas cosas.
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