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jueves, 18 de noviembre de 2010

Hispanioles



Veréis. Los hispanos eran un alegre grupillo de pastores de bucólicos, pizpiretos y alegres. Tenían ovejitas y cabritillos. Les gustaba correr por el prado, y escribir poemas. Tenían un jefe sabio, barbudo y compresivo elegido por votación popular. Por las noches les gustaba saltar a la comba y cantar en torno a la hoguera canciones del tipo “yo tengo un gozo en el alma (grande)” o “ el Señor hizo en mi maravillas”. Eran castos, puros, demócratas. Jo, qué guay era ser hispano.

Pero hete aquí que desde las montañas aparecieron los romanos. Unos ogros nauseabundos, hitlerianos y follacabras que llegaron con el único objetivo de joder a los cristianos, digo hispanos, en todas sus acepciones. Ateos, lascivos, bebedores y ni tocan la guitarra ni cantan ni nada. Jo, qué joputas eran los romanos.
Pero no temáis. De debajo de las piedras surge el salvador, con el brazo de Mazinger Z, la moral de Heidi, la bondad de Mimosín y el sentido de la justicia de una madre con seis hijos. Y echará a patadas a los romanos al grito de libertad y devolverá la democracia a sus chicos….Jo, qué majo es el Viriato.

Este es el argumento de la nueva serie “histórica” de Antena 3. Y encima te lo plantan orgullosos en el careto los antenienses Casi me los imagino cuando se cruzan con uno de la 2:
–Toma, serie histórica, que eso e mu intelectuá. Vosotros tenéis a punsé y nosotros serie histórica. Ala.

Tiene cojones la cosa. La puta serie tiene de histórica lo que mi almorrana de épica.

Y no voy a la puesta en escena. No soy como esos destripaterrones que acusan a la serie de tamañas blasfemias como que las alfacas no existían en aquella época, que los hispanos no se llamaban hispanos a sí mismos, que los nombres no coinciden, que en la toma 35 se ve el destello de un reloj digital en la muñeca del soldado Aurigius. Incluso un Sapientín avispado nos avisa todo sesudo, en los foros, que los hispanos no hablaban en español. Bravo, campeón.
No, el tema es mucho más peor. Lo primero, el tufillo a Bravehart es patente; algunas escenas son sospechosamente siamesas y algunos discursos parecen pergeñados por un acólito del cortar-pegar.
Lo segundo es el tufillo nacionalista que desprende la serie; claro que siendo hispanos, no sé, joder; igual ganaron el mundial bárbaro también. Antena3 es lo que tiene.

Pero más que eso, el perfil psicológico de los personajes es más plano que el de bush después de 3 copas. Unos son intrínsecamente buenos, cariñosos, demócratas (¿??), no sexistas, limpitos y solidarios (¿hay alguien que se crea que un pueblo bárbaro tenía esos valores?). Otros, los romanos, eran crueles, viciosos, miserables, egoístas. El maniqueísmo extremo de toda la trama convierte en una fábula infantil lo que pretende ser, de lejos, un relato histórico. Francamente, si Viriato no hubiera sido el doble de joputa que Galba el romano, cosa que no dudo, no habría durado ni un telediario (de los de antena3 claro).

Pero, en fin, viendo las audiencias, muchedumbre son los que quieren insuflarse de vientos patrios y bondadosos y vestirlos de una aureola histórica, pakenosediga que ven telebasura, hombre. Ya me lo dice mi sobri: “no me toques los cojones, yo a los 5minutos quiero saber quién es el bueno, el malo y la chica, que pa´ pensar ya está el cole “ (bueno, no lo dice pero lo piensa).

En fin, yo me quedaré viendo gran hermano. Al menos ahí las mentiras son de verdad.

martes, 21 de octubre de 2008

in treatment


Me dicen algunos de me ajuntan que me estoy convirtiendo en un híbrido entre Mister Scroodge (el de “odio la navidad”) y el abuelo Cebolleta. Y que mis quejidos catódicos tienen un tufillo macilento a vejez prematura y a hernia de hiato. Aunque sólo sea para llevarte la contraria, perro (ya sabe él a quién me dirijo) voy a ponerme tierno como el osito Mimosín viendo Los puentes de Madison y voy a hacer una crónica en positivo.


Empezaba ayer una de las mejores series que se ha paseado por el rectángulo maldito ese. Se llama In treatment o En terapia y la dirige el hijo de García Márquez, que sabe Dios como ha acabado por esos lares. La serie es de la HBO, es decir, rara, no necesariamente comercial, y, normalmente, buena. Va de un psicólogo (sí, lo sé, tengo fijación con el tema, deformación profesional, qué le voy a hacer) y cada episodio es una sesión de terapia con cada uno de sus pacientes; uno por semana, el viernes el mismo terapeuta acude a terapia.
El formato es brutal, rompedor, sólo el terapeuta y el paciente hablando. Ese formato sólo puede ser un coñazo insufrible o una serie brutal. Se queda en lo segundo. Los actores están enormes; Gabriel Byrne, el terapeuta, inmenso, creíble hasta el punto de que dudo que sea actor realmente y no psicólogo. Dianne West, una de las mejores y más desaprovechadas actrices de jolybud está genial, borda el papel de Gina. El resto del elenco de actores fantásticos, (Dios, dónde se meten estos actores en el resto de las series, por qué a mi me toca siempre a resines). Las tramas, los guiones, el estilo de la serie no tiene nada que ver con lo que se ve por tierras de yankilandia. Sus guiones son duros, sin sentimentalismos baratos, sin héroes de pacotilla, sin ese maniqueísmo facilón que acaba contaminando las tramas de este tipo. Directo, humano, sin chorradas. Este tipo de series me hacen recuperar la fe en las posibilidades cinametográficas de un país donde la película más vista en estos días es “un conejito en el campus” (sic).

Así que toma nota. La estrenan en la Fox. Yo la verdad, la he visto en “el canal emule”; además creo que estas series subtituladas ganan mucho. Ya te la estás bajando (digo comprando) aunque sólo sea por compensar esa sobredosis de “Los Serrano”, "las tetas del paraíso" y "ceseí" “ que te has tragado en los últimos tiempos.

Eso sí, tienen que gustarte las series y películas de conversaciones largas y densas. Pongamos, esas pelis argentinas tipo "Martín h", o series tipo "doctor en Alaska".
Eso sí, después de cenar y con copazo para que baje, que viene durita la serie. Pero será lo mejor que hayas visto en una temporada.

martes, 12 de agosto de 2008

Tipos deleznables

Yo soy un tipo de un natural tranquilo, indolente, tontorrón, abovinado incluso. Que no te muerdo en el ojo si me pisas descuidadamente la mano en la playa. Pero es que hay una manada de tipos miserables que me ponen malo. Aparecen en el salón de mi casa, como si nada sin que nadie les haya invitado. Y ahí están clavados en la pantalla de mi televisor con sonrisa bobalicona mientras yo aprieto los dientes y empiezo los ejercicios zen que me hagan olvidar sus vituperables caretos.

Ahí van unos cuantos:

Los pelochos: Dios, no me lo podía creer. Han vuelto. A mi no me engañan. Son los Chiquiprecios disfrazados. Ahora van embutidos en disfraces peludos pero son ellos. Dan botecitos, se ríen, y repiten hasta el vómito su repulsiva cancioncilla de “once, ocho ochenayochooooooooooo”. Dios, sólo pido una cerilla. Y una lata de gasolina. Y media hora a solas con ellos. Sólo eso, por favor.
http://es.youtube.com/watch?v=DZlmbA_BkPQ


La chica de Neutrex: Qué cosa tan miserable. La tipa consigue venir desde el futuro. Y qué nos trae? La vacuna contra el sida? El misterio del big bang? Un cereal que acabará con el hambre en el mundo? Noooo. Desde el futuro nos envían un híbrido entre princesa Amidala y Juanita Reyna y la cabrona de ella ha recorrido tropecientos años en el tiempo para traernos una puta lejía. Y se queda tan fresca. Ah, y también nos deprime un rato por lo horteras que vestiremos en el futuro…


El pavo de mediamarkt: Yo no soy tonto, dice el prenda. No se contenta el tío con tener una apariencia pegajosa y repulsiva. No. Aparece restregándose lascivamente con un cartel mientras el estofado amenaza seriamente con abandonar mi garganta por dónde ha entrado. Y esa cosa vende ordenadores? ¿Y me voy a ir corriendo a comprar un portátil porque ese engendro ha estado practicando el onanismo visual a dos metros de mi estofado??. Dios, quién hace estos anuncios, quién? Tú no eres tonto, no. Tú eres subnormal profundo.
http://es.youtube.com/watch?v=ZYF1fO_qw2A


La cosa que canta Balones y toallas: Eroski no quería ir a la zaga y contrata al cuate del de mediamarkt. Con sus pintas innobles y sus movimientos patéticos erótico-festivos entona otra cancioncilla rateril inacabable: "balones y toallas, vayas donde vayas”. Jode, se habrá quedado calvo el creativo con la rima.
http://es.youtube.com/watch?v=JE3xVyD6n3Y


El pavo de once ocho onceeeee:: Por lo visto los onceochos aglutinan a los mayores engendros de la caja tonta. En este caso, es una inmunda bola de pelo enorme con patas y sus igualmente deleznables gogos a juego, las que esputan en nuestros oídos la odiosa cancioncilla: “once ocho onceeeeeeeeee”.
http://es.youtube.com/watch?v=0AtMBapkOrE&feature=related


Rizo, el erizo infecto: Dios, con la de camiones que hay por las carreteras, algunos con 12 ruedas enormes o más y que ninguno le atine a esa especie de cucaracha con capuchón de espinas. Es una cosa engreída y chulesca que acaba hasta vacilando al psicoanalista (cómo no) argentino que le trata. Yo sí que voy a hacer la llamada del ahorro, pero al sicario que esté de guardia y así me ahorro el ahogarle con mis propias manos.
http://es.youtube.com/watch?v=WR3aygwmn88

El andoba de Bancaja, ahora sí, ahora no: Pepita no paga comisiones- y va y le planta el sujeto su enorme manaza llena de dedos en la cara: ahora no, ahora sí. Cielos, le metía yo sus partes innobles en una prensa hidraúlica y diría: a este tío le aprietan los huevos, ahora no, acciono el mecanismo: ahora sí.
Por Dios, que alguien acabe con ellos, que ya el zen no me sirve.

jueves, 17 de abril de 2008

Mimosín, la bestia que llevas dentro



"¡Hey tú! Sí, la persona que está leyendo esta etiqueta. ¿Qué ocurrió con el animal salvaje que llevabas dentro? No es demasiado tarde para despertar y liberar a tu amazona interior. ¡Vamos!"


Este es el texto literal de una etiqueta de: a) Preservativos con sabor barbacoa, b) viaje a Irak para dos personas que incluye la ruta de las mezquitas c) Nueva ensalada preparada con auténticas lechugas de chernobil d) Nuevo Mimosín.


Pues efectivamente, la correcta es la d). Podéis comprobarlo en vuestro super (si es que frecuentáis ese tipo de locales).


Qué macarras se han vuelto los de Mimosín. Hasta la fecha, sólo recordábamos ese oso gazmoño que decía con voz aflautada: -Holaaaaa, soy mimosííííííín- y aparecía flotando a cámara lenta entre una nube de toallas. Por lo visto, esa imagen idílica y ñoña ya no vende suavizantes. Ahora hay que apelar a los más bajos instintos y miembros para vender cualquier cosa. Pero suavizantes!!. Igual es llevarlo al extremo. ¿Hay que convertirse en una bestia inmunda para comprar un suavizante?.


La cosa no queda ahí. Los de Mimosín tenían el día cachondo y continúa la etiqueta: "Úsalo una vez por semana y empezarás a hablarle al ficus, úsalo dos veces por semana y pintarás tu cara con pinturas tribales, úsalo tres veces por semana e irás a trabajar en una liana".


Yo otra cosa no, pero obediente soy un rato. Y lo he usado no una ni dos ni tres. Sino seis o siete coladas que habré puesto esta semana. Y todas ellas con el nuevo Mimosín salvaje"estallido verde".


Siguiendo la progresión salvaje de la etiqueta, debería estar colgado de una liana, golpeándome el pecho y pelando una banana. Imbuido de ese espíritu asilvestrado he salido al rellano, presto a abordar a la vecina buenorra del tercero y arrancarle la ropa o que me la arranque ella en cuanto huela mis feromonas desatadas. Fracaso. Ha pasado y no he alcanzado ni a farfullarle un "buenos días". En el gimnasio aparecí todo gallo y me atreví, armado con mi nueva fuerza brutal, con la pesa de 50 kg. Fracaso. No se ha movido ni un centímetro. Si hablara, todavía se estaría partiendo el culo. Dios. El nuevo Mimosín es un fraude. Yo me veo tan poco asilvestrado y cachazudo como siempre. Pero lo he intentado al menos.


En fín, no deja de ser curioso que en esta sociedad acomodada en la que vivimos el mito del retorno a la vida salvaje se convierta hasta en un reclamo para vender suavizantes. Habíamos visto en los últimos tiempos que la publicidad recurría cada vez más a los bajos instintos para vender casi cualquier cosa. El perfume te convertía en una bestia hormonada, un nuevo café te empujaba a imaginar aventuras tórridas con un sucedáneo chungo de Juan Valdés o Scarlett Johansson y tu nuevo coche te lanzaba a temerias aventuras por remotas carreteras con la maciza de turno. Pero lo del Mimosín es el acabose.


Así que ánimo, echadle huevos u ovarios y chutaros unas coladas con mimosín, que os volveréis como perros rabiosos. En un arrebato de salvajismo, hasta igual os atrevéis a mezclar ropa blanca y de color.

viernes, 15 de febrero de 2008

Telebasura


A ver si me entero. Que tiempo ha que mis neuronas se evaporan como los charcos en verano y me cuesta hilar ideas que para el resto de la humanidad son evidentes.
Resulta que hay unos programas donde los concursantes, pues son concursos todos ellos, viven situaciones reales en diferentes formatos. Pueden ser convivencia agorafóbica sin más como “gran hermano”. O situaciones más forzadas como “supervivientes”. O incluso otros formatos más surrealistas (el mítico “confianza ciega” se lleva la palma). Telerrealidad los llaman. Pero todos ellos son telebasura. Por qué? Porque juegan con las emociones falsas de la gente y todos los participantes son una panda de facinerosos ávidos de amasar fortunas a costa de vender madres a euro si hiciera falta. Y esa indignidad manifiesta se contagia a sus televidentes que son legión pero que, en muchas ocasiones, no reconocen abiertamente que los ven y devoran sino que deben de tener un mando en lugar de mano ya que sólo “lo zapean de vez en cuando”.

En cambio, hay otras series que constituyen “las series de calidad”. Son series de grandes presupuestos, con generosas hechuras técnicas, y que describen normalmente la supuesta vida diaria de determinados gremios: sobre todo, policías, en sus mil variantes y médicos. Estas series no son telebasura. Son buenas series. Y claro está, uno puede reconocerse abiertamente como suscriptor de dicha serie. Es algo así, no?

O sea, si sale gente real, de la calle (cierto es que cuando salen famosos se jode), sin guión, es telebasura. Y cuando aparecen unas series con personajes imposibles y esputando por la boca guiones totalmente increíbles, eso es una buena serie.

Si tú preguntas a alguien por la calle qué ve de la tele, probablemente dirá que ve: “informativos, documentales y alguna peli”. Miente como un cosaco. Lo que ve realmente es “el tomate, gran hermano y los simpson”. Pero eso no queda bien.

Pero vamos a ver una de esas “series de calidad”.

CSI: La de Miami. Es impresionante. Casi esperpéntico. Salen unos pavos, modelos casi todos, trajeados de armani con sus rayban. Llegan a la escena del crimen. El Jefe, una mezcla de Toni Manero y Vito Corleone, con un tono chulesco-irritante, acaba su diagnóstico del crimen con alguna frase lapidaria tipo “no digas nada, las pruebas hablarán por ti”. Luego van a su laboratorio de la Nasa y resuelven milagrosamente el caso en dos días. Mientras, sus conversaciones son tan didácticas que no hay quien se trague que alguien hable así con sus compañeros de trabajo.

-hola Jack, qué haces? –estoy haciendo un espectro de masa, John, lo ves? Mira cuando la raya se pone de color rojo, significa que…
Nadie habla así en el mundo real. Es como si dos fontaneros trabajan en una obra y le dice uno al otro.
-Qué tal, patxi? –Bien, estoy haciendo un empalme de tuberías. Mira, se coge una tubería y……
Pues no, la conversación sería:
-Qué pasa, tío?? Aquí, con la mierda esta de las tuberías, además las almorranas me están jodiendo y mi mujer me quiere echar de casa”.

En definitiva, es una serie que no hay por dónde cogerla, falsamente educativa, con personajes inverosímiles y con diálogos más falsos que un billete de 3 euros. Y eso es la televisión de calidad. Hay que joderse.

En cambio, cuando sale gente de verdad, que habla como la gente de verdad, y que actúa como gente de verdad, eso es telebasura. Por ejemplo, como en Gran Hermano. Cierto es que los castings fuerzan el perfil de los concursantes en aras de la audiencia. Pero no dejan de ser personas de verdad. Y el que crea que están actuando 24 horas al día, es que nunca ha estado actuando ni 2 horas seguidas. Es agotador. Como para mantener un personaje durante un mes.

El resto del mundo no sé, pero lo que es a mí me gusta ver gente de verdad. Que hablan y actúan como tú o como yo. Que tienen granos en el culo en lugar de rayban en los ojos. Que dicen “cállate, joder” en lugar de soltar un comentario gracioso o ingenioso en la boca. Por eso, me confieso. Igual es por deformación profesional, porque me dieron el título de psicología al entregar 30 etiquetas de “San Miguel”. Pero lo cierto es que me gusta “Gran Hermano”, “Supervivientes” (sin famosos) y “Terapia de pareja”. No me pierdo capítulo. Y a esas grandes series recauchutadas de policías y médicos les pueden dar por el culo (no soy guionista y no se me ocurre ningún sitio gracioso o ingenioso donde enviarlas).

martes, 8 de enero de 2008

Los peores anuncios de 2007

Si hay algo en la tele que de verdad merece la pena son los anuncios. Son pequeñas películas de 20 segundos donde se apela a tus más bajos instintos para que te compres aquello que realmente no necesitas. Si lo necesitaras de verdad, no haría falta hacer un anuncio. Así que los recursos para lograrlo son salvajes. Los publicistas descubrieron mucho antes que los psicólogos que los humanos pensamos con la polla y/o con el coño y no con el cerebro. Se nota que los psicólogos nunca hemos tenido que vender detergente o colonia.

Pero para empezar esta sección, quiero proponer a los que considero los cuatro peores anuncio de tv del año. Esos que me ponen los pelos como escarpias cuando asoman en el televisor.


Empezamos por el peor (por suerte, ya extinto; no os perdáis el enlace, es el anuncio real)

http://www.youtube.com/watch?v=qXdRZLtpogU


1º Los Chiquiprecios. Un clásico. No podía ser otro. Es demasiado. No puedo con ellos. Son pequeños, repulsivos, irritantes. Como una cuadrilla infernal de acólitos de belcebú. Dan botecitos constantemente. No paran de moverse como ladillas gigantes abducidas por el baile de San Vito. Hablan con una voz estridente y chirriante. Y lo dicen todo con grititos agudos. Se ríen constantemente. No puedo con ellos. Sueño con miles de chiquiprecios rodeando mis huevos y dando botecitos. Sale el chiquiprecio líder y dice “ detergente ariel, solo tres euros veinticiiiiiiiiiinco” Y un coro de aberrantes chiquiclones le jalea con risitas infernales. No he vuelto a acercarme al Plus por miedo a encontrármelos en los pasillos acosándome con ofertas increíbles. Por Dios, que alguien extermine a los chiquiprecios. Invadirán el planeta. Nos convertirán en chiqui-esclavos. Que alguien lo pare (a dios gracias, alguien lo ha hecho). Odio a los chiquiprecios.



2º Cubertería San Ignacio. http://www.sanignacio.es/es/

La cutrez en grado sumo. Se abre el telón y aparece una supuesta cena romántica entre dos humanos de gama alta. Se les supone guapos y ricos. Es una cena de etiqueta. El abre la puerta con un esmoquin que ha robado a su hermano mayor porque le sobra hasta la etiqueta. Ella luce un vestido vaporoso que parece comprado en los chinos esa misma tarde. Pasan a la cena. Cena de gala, claro. Ella apunta a su camisa y dice “seda” y el le corrige “seda natural “ Ella dice "Bach" y él le corrige "Mozart". A todos nos dan ganas de darle un bofetón por pedorro y quisquilloso pero nos contenemos. Andamos cercanos ya al vómito al contemplar una pareja tan repulsiva cuando llega el momento cúlmen. El llega con el segundo plato. Nos imaginamos un “solomillo al foie” o “un lenguado menier”. Pero no. Va el andoba y le planta en el plato un San Jacobo. Cómo se puede ser tan cutre!!. Un sanjacobo en una cena de gala!!. “San Jacobo” confiesa encima el gusarapo. “No, cariño, San Ignacio” le corrige ella. Y se queda tan pancha. Eso al margen de la escasa risión que nos causa. No vemos el resto de la cena pero nos lo podemos imaginar: Bocata de chopped?, huevos con chistorra? Helado Cami de postre? Surrealismo puro. Cutrez extrema. Y flaco favor a la imagen que nos hacemos del producto que promocionan: “Cubertería san Ignacio: donde la grasaza del sanjacobo se esparcirá a gusto por el plato mientras tu chorvo se pone las botas untando el ketchup sobrante”.



http://www.youtube.com/watch?v=5bkLp6JDIWo&feature=related
3º Evax. De sobra conocemos la línea que sigue Evax en los anuncios de compresas. Digámoslo sin tapujos; las compresas son unos trapos que se ponen en la entrepierna para recoger la sangre menstrual. Pero Evax quiere convencernos de que son unos vehículos mágicos y maravillosos que transportan a las féminas a un mundo de fantasía, feminidad angelical y orgasmo blanco, limpio y asexual. Hasta los tíos ya aprendimos que la regla era una señora de rojo que decía a las chicas “hola soy tu menstruación” y a la que las desalmadas hembras masacraban en los anuncios. Los chicos también teníamos nuestro alter ego de la chica de rojo. Era un señor de blanco que, al despertarte de la cama, te decía “hola, soy tu polución nocturna” y nos obligaba a camuflar las sábanas entre la ropa sucia.

El caso es que en esta nueva entrega, Evax renuncia a saber a qué huelen las nubes y nos sumerge en el mundo noooloooor. Nooolooog a inocencia, nooolog a música, nooooolog a cabrales (bueno eso no). Un mundo blanco, aséptico, repulsivo, ñoño hasta decir basta, donde la expulsión de sangre por los bajos te transporta a los sueños más castos y tiernos de Leticia Sabater.

Nuevamente el suave aroma del vómito nos sube por la garganta. Pero nos contenemos. No queguemos estropeag ni contaminag el mundo nooooooloooog. A gusto me llevaba a los creativos de evax al baño del restaurante los días que nos vamos de alubiada los amigos. Ahí sí que descubrirían el auténtico mundo noooooloooooog.


http://www.tu.tv/videos/anuncio-diamonds-completo


4º Diamonds de Emporio Armani. Una vez finiquitada y enterrada la navidad 2007, podemos decir que sobrevivido hemos al aluvión de anuncios de perfumes que, con machacona insistencia han bombardeado nuestras orejas e hígadillos hasta la extenuación. Parece que, más que por la nariz, pretenden penetrar en nuestros cerebros vía repetición compulsiva. Y la palma de este año se la lleva Emporio Armani con su Diamonds. Sabemos que, al parecer, el perfume es un sustitutivo de un olor corporal que emitían las hembras cuando estaban en celo, en los tiempos remotos en que había períodos de celo. Así que es comprensible que estos anuncios apelen a los más bajos instintos no ya para insinuar sino cada vez más para exhibir su naturaleza directamente sexual. Como muestra tenemos el anuncio de Diesel, en el que una arrebolada moza de buen ver, con un atuendo de meretriz de alta estofa sugiere a las mujeres en general que “estar viva” (are you alive? nos espeta con una boca que la suponemos llena de polvorones) es algo parecido a hacerse un dedo en el ascensor. Que es literalmente lo que hace. La versión másculina nos presenta al pavo huyendo de la policía para mostrarnos lo machote que es y lo vivo que está. El que busque algún atisbo de antisexismo o modernidad en los anuncios de colonias, arránquese los ojos o al menos, pásele el mando de la tele al abuelo con parkinson en cuanto aparezcan en su televisor. Los anuncios de colonia son a la igualdad de sexos lo que las modelos a la literatura.

Pero volvamos al anuncio de Armani. Su lema, efectivamente, no es muy avanzado; “los diamantes son el mejor amigo de la mujer”. Con dos cojones. 50 años de feminismo a tomar por culo. La mujer elegida para anunciarnos tan egregio y distinguido lema podríamos imaginar que es una refinada y peripuesta dama de la alta sociedad, de esas que se desayunan con Ferrero rocher y se cenan con foie. Pero no, la elegida no es otra que una cantante de moda, la despampanante Beyonce. Una jaca de generosas curvas que más aviva el calor de nuestros bajos que el pretendido glamour del anuncio. De hecho, más que comerse un Ferrero Roche, yo me la imagino más deglutiendo a dos carrillos una pata grasienta de pollo asado. Y yo, más que para un anuncio de “diamonds”, la veo más para un anuncio de “bisuteries” o incluso, ya puestos “verduleries”. Señores del casting de Armani; un poquito má de glamú, pofavó, pofavó.