viernes, 18 de julio de 2008

Sanfermines light



Desgañitadas ya las amígdalas de berrear “el probe de mi” y negros como el tizón los intestinos gruesos del kalimotxo ingerido.

Se acabaron los sanfermines.

El Fiestón más grande del mundo en una de las ciudades, reconozcámoslo, más beatas el resto del año. Media Europa se reúne en nuestras calles con el estimulante objetivo de ponerse hasta las trancas: Manadas de suizos con el estómago como un queso gruyere por el kalimotxo, suecos que se hacen los ídem del pedal que llevan encima, alemanas ebrias, que, por desgracia, no hacen lo que prometía la cancioncilla popular, portugueses “obrigados” a agarrarse a las farolas para no caer de bruces al suelo....

Una especie de megacebollón donde las huestes bárbaras se congregan en torno a la inocente suelta de ganado bovino por las calles.

Así que, a las ocho de la mañana, los escasos restos sobrios de estas hordas que han sobrevivido a la noche y medio mundo se pega al televisor para ver el exiguo trayecto de los bovinos cudrúpedos desde los corralillos del gas hasta la plaza de toros. ¿Y qué buscan todos estos ansiosos videntes y televidentes?. Averigüe el avezado lector:

a) A lo mejor les gusta la naturaleza, ingieren a diario los documentales de la dos y quieren ver el campestre paseo de las bestias
b) Les gusta mucho Pamplona y aprovechan para ver las calles de la ciudad
c) Sangre, sangre, sangre.

Pues claro que buscan sangre. Qué otra cosa iban a buscar si no? Cuando cornean a un corredor se echan las manos a la cara horrorizados pero con una sonrisilla malévola por dentro, como disfrutando del secreto placer de la desgracia ajena. Es el mismo morbo que atrae como moscas a los espectadores de un accidente de carretera.

Hay quien dice también que es un arte eso de la corrida delante del astado. De un tiempo a esta parte, han surgido como setas encierrólogos con master incluido que sientan cátedra sobre las nobles y egregias artes de la korrika. Con voz afectada, explican con displicencia a los legos las maniobras corporales a practicar en los encierros y alguno hasta nos da un cursillo sobre psicología taurina. Podéis verlos en cualquier telediario entre el 6 y 14 de julio de todos los años. Antena 3, con voz en off, anunciaba de uno que "vive por y para el encierro". Cuando estás dentro, eso no hay quien se lo crea, es una auténtica matanza; codazos, pisotones, empujones. Y acaba en el suelo desde Olaf, el sueco fiemo hasta las patas que corre con mochila hasta Patxi, el experto corredor que daba lecciones dos telediarios atrás.

Pero a lo que íbamos: lo que la gente quiere no es ver las carreritas de los divinos de turno, la gente quiere sangre. Y los navarros, como buenos proveedores, les dábamos a los clientes lo que pedían: sangre. Hasta este año. Que ha llegado el autobús negro. En lugar de ver toros sueltos por las calles forales corneando a diestro y siniestro, nos encontramos con una enorme masa negra cornúpeta que se cepilla en tres minutos el recorrido. El bicho lo único que ve de las calles pamplonicas es el esfínter del toro que le precede.

Todo ello ha hecho de los encierros un espectáculo francamente aburrido. Y no merecedor en cualquier caso, de los madrugones que se pega mucha gente de vacaciones para verlo . Sé de insignes mirones de este espectáculo que ya no programan sus despertadores esos días.

Y todo ello, por unos cambios realizados en aras de la seguridad. Que si han mejorado el agarre del piso, que si han modificado la curva de Estafeta para que no choquen los toros... Sabe Dios qué más han hecho: Que si les han puesto 4-*4 en las pezuñas o, a lo mejor, el señor obispo les ha echado unos sermones sobre el amor (limitado, ojo) entre bestias y hombres.

¿Y por qué había que cambiar nada del encierro?

Si tan importante es actuar “En aras de la seguridad”, les propongo un cambio más, que lleven a los toros en camiones. Así, la seguridad aumenta un 100%.

Lo que no se puede pretender es nadar y guardar la ropa. Si queremos seguridad: camiones para los toros. Y si queremos seguir siendo la principal fiesta del mundo: se deja como está. Si en época de los romanos, a los leones, en lugar de cristianos les hubieran echado unas salchichas oscar mayer, no habría habido romano que pagara la entrada para el Circo. Se habrían quedado solazándose en las termas tan ricamente.

Vale, que igual es un poco exagerado, que no se trata únicamente del espectáculo, hay una tradición detrás. Pero entonces, razón de más para no cambiar nada.

A ver, que no se trata de que las ristras de las vísceras vikingas cuelguen del cableado de Estafeta. Pero tampoco se puede convertir en algo tan aburrido como la retransmisión de una procesión de semana santa.

Así que, lo dicho; por dios, si los australianos quieren fuente de navarrería, se la ponemos el doble de alta si es preciso. Angelicos.

Y si hacemos un encierro, lo hacemos en condiciones. Y no la cuchipanda de vacas mansas de este año.

No hay comentarios: