viernes, 23 de agosto de 2013

Mislata me mata: los orvinos por valencia

12 de agosto. 40 grados. 7 tíos peludos y sudorosos en dos coches perdidos por la estepa de Teruel y entonces...
 -"Entonces, gire a la derecha, entonces manténgase en el carril central"
 - Entonces me voy a cagar en tu madre, que a la derecha no hay desvío!!
 Entonces, también llamado tom-tom v70, no se inmuta y sigue vacilón;
 -"Entonces gire a la derecha" -Dios, este es tonto, me está vacilando o los 10 años que llevo sin actualizarlo le han hecho perderse algún capítulo en la historia de las carreteras patrias.

Y tras recorrer los bonitos campos de Teruel y Calamocha llegamos a Paterna, bonito pueblo valenciano, con sus playas, sus naranjas y sus políticos corruptos, esas cosicas que hacen de Valencia una tierra entrañable. Nos alojamos en el Ritz Excelsior Imperial Sidorme, en uno de los polígonos-resorts más lujosos de la zona, con unas vistas inmejorables al Mediterráneo; en concreto, éstas. Y es que si pagas 17 euros la noche, qué menos que pedir el trato exquisito que nos merecemos.


Comenzaba el torneo el mismo día y guiados por la peculiar diligencia de Entonces llegamos al local de juego, en la Misltata profunda; Iñaki y Mikel en el torneo A (+2000), Javi y un optimista Adolfo en el B, Adrián y Pedro en el C. Con esto de los tramos juegas con los de tu especie y te dejas de pajas mentales de ganar a un GM y paranoias de esas. Pero el terror del torneo era hacerse con la cuchara de madera; premio envenenado que se lleva el que haga el peor torneo independientemente del grupo y título que te persigue de por vida. Bien lo sé yo, ganador en varias ediciones, que he perdido varios empleos por esa mancha imborrable en mi currículum. Pedro, candidato a tan honroso premio, empezaba con pleno de victorias, mientras los demás nos arrastrábamos con mayor o menor dignidad por los tableros. Pero ya se sabe que en los torneos de ajedrez quedan esos molestos intermedios llamados tiempo libre donde se supone que tienes que ver los pedruscos o atracciones varias del lugar.

Decidimos empezar por el oceanográfico. La experiencia debió de ser muy dura ya que la mitad de la expedición no volvió a practicar el turismo durante el resto del torneo. Pero peor fue para el sector turista. Ocurrió en una oscura playa de la localidad. Mientras algunos afortunados disfrutaban de la visión de una tía impresionante saliendo del agua con su bikini blanco pegadito al cuerpo, nosotros tuvimos que ver esto, visión de Adolfo que me acompañará en mis peores pesadillas durante el resto de mis días.


El torneo seguía avanzando sin mayores alegrías. Pit tiraba el torneo tras perder partida con pieza de más y Adrián no quería ser menos perdiendo dos partidas con pieza de más. Pit al menos hacía lo contrario en las ultimas rondas. Mikel e Iñaki caminaban sin pena ni gloria por los puestos medios altos y Adolfo pagaba con una ristra de ceros su optimismo al jugar con gente que le sacaba unos cientos de elo. Javi seguía arriba sin hacer ruido. Pasaban los días; se acentúaba el aliento a ajo de las tostadas pantumaca del desayuno, la redondez de los cuerpos al son de los platos combinados y raciones varias regadas con esa horrible cerveza local y la impotencia por no encontrar una paella valenciana como Dios manda, que sólo en el bar del polígono encontramos. Llegamos a las últimas rondas con placidez, asumida ya la imposibilidad de hacernos ricos con el torneo, pero con la tensión de la cuchara de madera tras la reacción de Adolfo, que había ganado las últimas rondas. Casi todos estábamos en el punto de mira, no dormíamos, teníamos pesadillas. Para superar los nervios, tuvimos incluso que meternos entre pecho y espalda la hamburguesa Messi, de medio kilo de carne.

Tras las visitas de rigor a la Albufera, Valencia city y otras varias (irreconocibles estamos) llegábamos a las últimas rondas. Pit cuajaba un torneo enorme acabando con 6 puntos y coronado con el birrete de mejor orvina; Javi perdía la partida importante y se quedaba en la zona tibia con 5,5 en el b. Adrián hacía 5,5 a pesar de los regalitos que hizo. Mikel cumplía sin más, 4,5 , e Iñaki tiraba el torneo en la última partida tras dejarse la partida en una jugada; 4,5. Y Adolfo no pudo sustraerse a su destino y, a pesar de hacer unos meritorios 3,5 puntos se llevaba el dichoso utensilio de cocina, teniéndo además que posar con él. Buen torneo, bien organizado y buen ambiente para una cita a la que seguro repetiremos en próximos años. No volvimos más ricos, ni aprendimos nada de ajedrez, ni ligamos nada. Pero volvimos, que no es poco, sobre todo si tenemos en cuenta a:

-"Entonces, gire a la derecha, entonces manténgase en el carril izquierdo"

1 comentario:

Anónimo dijo...

Entretenida la crónica de Blas Zeta una vez más.